Como miembro nato de la Organización Terrorista Machista elijo abandonarla por voluntad propia.

Para ello, lo primero es pedirte perdón a ti, mujer, por todas las veces que yo o cualquier otro hombre hemos ejercido violencia machista sobre ti.

Perdón por el día en que no te dejé expresar tu opinión interrumpiéndote cada dos por tres.

Perdón por haber dicho: “mujer tenías que ser”.

Perdón por el chiste sobre rubias que no tenía gracia.

Perdón por decirte “calla, tonta, que tú no sabes de esto” aunque sabías más que yo.

Perdón por pagarte menos por realizar el mismo trabajo que un hombre.

Perdón por no darte aquel ascenso aunque te lo merecías más que el tipo que lo consiguió.

Perdón por ponerte un techo de cristal.

Perdón por no negarme a ir a aquella tertulia en la que no había ninguna mujer.

Perdón por no dejarte tener independencia económica.

Perdón por hacerte creer que valías menos de lo que en realidad vales.

Perdón por no hacer caso cuando me dijiste que no querías saber nada de mí y seguir llamándote y escribiéndote.

Perdón por obligarte a quedarte conmigo cuando tú te querías ir.

Perdón por juzgarte por tu actividad sexual y decir que eras una puta.

Perdón por decirte un piropo en la calle y luego seguirte, asustándote.

Perdón por tocarte el culo en el autobús o la discoteca sin tu consentimiento.

Perdón por convertirte en un objeto sexual.

Perdón por preguntarte con quién ibas a salir.

Perdón por decirte cómo te tenías que vestir.

Perdón por amenazarte con enseñar fotos tuyas, o por enseñarlas.

Perdón por insistirte para que mantuvieses relaciones sexuales conmigo siendo mi pareja o no.

Perdón por drogarte o incitarte a beber más alcohol del que querías.

Perdón por pagarte para que tuvieses sexo conmigo.

Perdón por pagarte para que tuvieses un hijo mío.

Perdón por traficar contigo.

Perdón por pegarte.

Perdón por mutilarte el clítoris.

Perdón por violarte.

Perdón por matarte.

Perdón por tantas otras cosas que se me puedan haber olvidado. Perdón por hacerte creer que todo lo que te había hecho era culpa tuya, y no mía. Que tú ibas provocando, que no es que yo fuera un impresentable, un maltratador, un asesino.

Por todo ello te pido perdón, prometo que yo no lo volveré a hacer. Quiero asumir mi culpa y pagar por lo que he hecho, y quiero que seas tú quien decida el castigo que merezco. Mientras tanto, por mi cuenta voy a empezar un programa de reeducación para eliminar todo lo que pueda quedarme de lo anterior, y voy a utilizar todo mi esfuerzo con otros hombres para que descubran el daño que están haciéndole a otras mujeres y a la sociedad.

Deseo además, que todos los hombres sigan estos pasos y podamos declarar, lo antes posible, que el terrorismo machista ha desaparecido y ha abandonado las armas, acercándonos un poco más a la igualdad de género.

Pablo Martín Calvo es maestro y pedagogo

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Pido perdón a todas las mujeres
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