Lo triste de la sociedad moderna es que tomamos las cosas demasiado en serio. Nos sentimos impulsados a cumplir con los “deberíamos”, lo que creemos que el mundo espera de nosotros. Pensamos: “no digas lo que realmente piensas, ¿qué van a decir?”
El autocontrol y la autocrítica se han convertido en nuestra forma de vida y agotan nuestra capacidad de juego y de libre expresión.

Tenemos que aprender a fluir nuevamente desde el corazón: permitirnos vernos ridículos, bailar libremente, detenernos y recordar que la vida se trata de risa y alegría desenfadadas.

Haz la prueba. ¡Tal vez te guste!

Haz la prueba. ¡Tal vez te guste!
Regresar al inicio