𝗦𝗶́, 𝗹𝗼 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗻𝗼𝘇𝗰𝗼.
𝗜𝗯𝗮 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗲𝗺𝗽𝗲𝗻̃𝗮𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗽𝗲𝗿𝗳𝘂𝗺𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝗺𝗶𝗲𝗿𝗱𝗮, fiel creyente de las segundas oportunidades y no solo de pareja sino de amistades que eran peor que serpientes.

Sí, el tóxico era yo.
Por llamar primero,
por estar siempre.
Por dejarme de último en la fila de prioridades, por hacer por los demás lo que jamás nadie haría por mí.
Por creerme cuentos que a leguas se miraban que eran mentiras miserables.

 

Sí, el tóxico era yo...
Hasta que un día decidí volverme malo, y empecé por ser mi prioridad.
Cuando eso sucedió me convertí en la peor mierda que existe, para las personas que notaron que ya no eran prioridad.

Deje de correr a ayudar.
Aprendí a decir no.
Le di a cada uno el mismo lugar donde estaba yo en su vida, y fue abrir los ojos para ver que nunca tuve el mismo valor que ellos tenían en la mía.

Aprendí a ser prioridad y así uno a uno fui perdiendo toda la gente inservible y sin valor de mi vida.

Inténtelo! Verá que bien se siente sacar la mierda de su vida.
Esto aplica a malos amores, familia, vecinos y malas amistades.
Apliqué el "yo primero" y verá cómo se vuelve el malo de su cuento.

Ana Soriano

La tóxica era yo. El tóxico era yo.
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