-Tengo sed de esta agua- dijo el principito-. Dame de beber... Y comprendí lo que había buscado. Levanté el balde hasta sus labios. Bebió con los ojos cerrados. Todo era bello como una fiesta. El agua no era un alimento. Había nacido de la marcha bajo las estrellas, del canto de la roldana, del esfuerzo de mis brazos. Era buena para el corazón, como un regalo. Cuando yo era pequeño, la luz del árbol de Navidad, la música de la misa de medianoche, la dulzura de las sonrisas, formaban todo el resplando del regalo de Navidad que recibía. -En tu tierra- dijo el principito- los hombres cultivan cinco mil rosas en un mismo jardín...Y no encuentran lo que buscan... -No lo encuentran...- respondí. Y el principito agregó: -Pero los ojos están ciegos. Es necesario buscar con el corazón." Antoine De Saint-Exupéry

Regresar al inicio