Como todo lo creado, el amor tiene una naturaleza dual, positiva y negativa, masculina y femenina. El aspecto masculino del amor es "yo te amo". La cualidad femenina es "te estoy esperando; te anhelo". Para el místico es el lado femenino del amor, el anhelo, la copa esperando ser llenada, que nos lleva de vuelta a Dios. El ansia es un estado dinámico y un estado de receptividad al mismo tiempo. A raíz de que nuestra cultura ha rechazado por tanto tiempo lo femenino, hemos perdido contacto con la potencia del anhelo. Mucha gente siente este dolor del corazón y no comprenden su valor; no saben que es su conexión más íntima con el amor. Esta es la razón de que los místicos sufíes siempre hayan recalcado la importancia del ansia. El gran sufí Ibn'Arabî oraba: "Oh Dios! Nútreme no con amor sino con el deseo de amar", mientras que Rûmî expresaba la misma verdad en términos simples: "No busques agua, mantente sediento"

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