Ningún niño nace malvado, maligno ni histérico. El ambiente que le rodea es quien va formando su conducta. Adultos que no se preocupan en mejorar a si mismos son quienes vuelcan en el niño su propias miserias, dolores, sufrimientos y frustraciones. Los niños son esponjas que luego mostrarán al mundo como fue su niñez. Los adultos estamos obligados a mejorarnos a nosotros mismos para que los niños de la familia no sufran por nuestra falta de coraje para cambiar y ser mejores personas. Ellos son las consecuencias no el problema.

Ningún niño nace malvado, maligno ni histérico
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