Ojalá me hubieran mandado esta carta cuando tuve a mi primer hijo y no sabía a lo que me enfrentaba

Querida nueva mamá: estás adolorida, con fugas y más cansada de lo que jamás hubieras imaginado. Todo está empapado en leche materna y lágrimas. Todo duele. Tu cuerpo se ha estirado literalmente hasta su punto de quiebre, o quizás fue cortado para dar espacio al milagro de la vida. Tu corazón duele con un amor tan grande que se siente como si te rompieras por la mitad y, a veces, no puedes respirar porque todo parece demasiado grande. Te contaron sobre las olas de nacimiento, pero nadie te contó sobre las intensas olas de posparto, la euforia y la alegría que te levanta, y el peso que te tumba de repente y te deja llorando entre cobijas. Miras hacia atrás a través del mar y el viaje que has hecho, y en la distancia ves a la mujer sin hijos que alguna vez fuiste. Has cambiado mucho en tan poco tiempo y te preguntas si alguna vez encontrarás el camino de regreso a ti. No cambiarías este amor por todo el oro del mundo, pero algo dentro de ti te urge a buscar un terreno familiar y a la mujer que una vez fuiste. Esto es todo tan nuevo y crudo. Pero encontrarás tu camino, dulce mamá. No te has dejado atrás, simplemente te han crecido nuevas alas. La doncella con sus formas despreocupadas y su espíritu salvaje todavía está dentro de ti, y siempre lo estará. Sigue el compás de tu corazón. Deja que las lágrimas caigan. Encontrarás tu camino, y tu yo te estará esperando con los brazos abiertos cuando lo hagas. 

Texto e ilustración @spiritysol 

Querida nueva mamá
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