El pediatra Leonardo Trasande vive con su esposa y sus dos hijos en una casa en la que no entran ni latas de conserva ni comida ultraprocesada  y hay pocos plásticos. Las costumbres de la familia  responden al trabajo del padre sobre los químicos que interfieren con nuestras hormonas para hacernos “más enfermos, más obesos y más pobres”

El investigador y pediatra Leonardo Trasande alumbra sobre los costes económicos y sanitarios de los disruptores hormonales y explica cómo evitar la exposición

El investigador ha participado en el Congreso de la Asociación Española de Pediatría, donde se dijo alto y claro que más del 95% de los niños españoles tienen en su orina estas moléculas que hackean el metabolismo.

Hay 1.000 o más químicos sintéticos que pueden interaccionar con nuestras hormonas”, dice, “pero la evidencia es más fuerte para cuatro categorías: los plaguicidas, los bisfenoles, que se usan en papel térmico [el de las facturas de los datáfonos o cajas registradoras] y enlatados; los ftalatos que están en cosméticos y en varios tipos de envases de comida, y los retardantes de llama bromados en alfombras, quizá en muebles como este (toca la butaca tapizada en la que está sentado) y en las casas [también en productos electrónicos]. Se pensaba que solo eran dañinos a dosis altas, pero no es así”.

Hay tres estudios que han documentado que existe relación entre la exposición a pesticidas organofosforados durante la gestación y la disminución en el coeficiente intelectual en los niños. Además, en pruebas de imagen, se veían partes del cerebro menos desarrolladasTras exponerse durante el embarazo se ha visto no solo una afectación cognitiva, también trastornos de autismo y atención e hiperactividad.

Los disruptores hormonales se han asociado con alteraciones de la salud reproductiva, cánceres, diabetes y obesidad. En este último caso porque favorecen la creación de células grasas o ralentizan el metabolismo, cuenta el investigador. Nadie está a salvo.

La buena noticia es que con medidas simples y baratas, dice, se puede hacer mucho:

* No comer alimentos enlatados. Rápidamente bajan los niveles en orina de bisfenol A.

* Rebajar las comidas envasadas en plástico y ultraprocesadas. En dos o tres días disminuyen los ftalatos”.

* Eliminar ciertos cosméticos y  pasarse a los alimentos orgánicos.
* Otras precauciones incluyen no meter plásticos ni en el microondas ni en el lavavajillas, porque “a altas temperaturas se transforman de polímeros a monómeros que pasan a la comida y en último término al cuerpo”.

* Y ventilar 15 minutos al día para eliminar el polvo químico de alfombras y componentes electrónicos.

* Respecto al vidrio y tetrabriks  en caso de usarlos, fijarse en que dentro del triángulo con el que están marcados no figure el 3 (PVC), el 6 (poliestireno) o el 7 (policarbonatos que pueden tener bisfenoles).

* Sustituir las sartenes antiadherentes por las de acero inoxidable o hierro, “las de toda la vida”.

Nos rodean productos químicos con los que nos jugamos la vida
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